Cultura de innovación en entidades financieras: por dónde empezar
Descubre cómo una entidad financiera tradicional puede construir una cultura de innovación real, sostenible y aplicable, con pasos prácticos y casos cotidianos.
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Cultura de innovación en entidades financieras: por dónde empezar

Hablar de innovación en el sector financiero puede sonar a palabra de moda… hasta que entiendes que no tiene que ver con tener el último sistema, sino con la forma en que las personas trabajan, colaboran y resuelven problemas.

En entidades tradicionales —como cooperativas, fondos de empleados y bancos con décadas de historia— la innovación no nace de grandes proyectos. Nace de hábitos diarios, conversaciones pequeñas y decisiones que, aunque parezcan mínimas, cambian la manera en que funcionan los equipos.

Aquí te compartimos un enfoque práctico para empezar a construir esa cultura, sin transformar toda la organización de un día para otro.

1. Que la innovación sea cotidiana, no un proyecto anual

Muchas entidades hablan de innovación solo cuando llega un proveedor o cuando se revisa el plan estratégico. El problema es que eso la convierte en un evento, no en una práctica.

La innovación empieza cuando un asesor pregunta:
“¿Hay una forma más simple de hacer esto?”
O cuando un analista dice:
“Creo que podríamos ahorrar tiempo si…”.

Ese tipo de conversaciones son oro puro. La clave está en escucharlas y darles un espacio para evolucionar.

2. Crea un “canal seguro” para las ideas (y valóralas en serio)

En muchas entidades tradicionales, la gente no propone porque piensa que “no los van a escuchar”.

Un canal seguro puede ser algo tan sencillo como:

  • un formulario interno,
  • una reunión mensual,
  • un grupo pequeño que evalúe ideas operativas,
  • o un sistema donde los equipos reporten fricciones del día a día.

Lo importante no es el formato, sino el mensaje: innovar también es parte del trabajo y las ideas sí avanzan.

3. Trabaja con problemas reales, no con conceptos abstractos

Las entidades que innovan bien tienen algo en común: no empiezan preguntando “¿qué tecnología necesitamos?”, sino “¿qué necesita nuestro equipo o nuestro asociado?”.

Un ejemplo simple:

  • Si un asesor tarda 15 minutos buscando un documento, el problema no es la “transformación digital”.
  • El problema es la información desordenada.

Resolver eso también es innovación.

4. Apuesta por mejoras pequeñas… pero constantes

En organizaciones tradicionales, los grandes cambios suelen generar resistencia. Pero las pequeñas mejoras, repetidas en el tiempo, transforman culturas enteras.

Cambios como:

  • Ajustar un flujo digital.
  • Crear plantillas estandarizadas.
  • Mejorar el diseño de un aplicativo para hacerlo más intuitivo.
  • Capacitar al equipo sobre buenas prácticas de navegación.

Son ajustes simples que generan resultados visibles y construyen confianza en el proceso.

5. Haz de la comunicación un aliado, no un obstáculo

La innovación se detiene cada vez que un mensaje importante no se lee, una alerta no se revisa o un requerimiento pasa desapercibido.

Una cultura innovadora se basa en comunicación clara, oportuna y transparente entre todos los actores: TI, operación, proveedores y usuarios.

A veces, una sola conversación a tiempo evita un mes entero de trabajo perdido.

6. Celebra el avance, no solo el resultado

Las entidades tradicionales suelen reconocer logros grandes: nuevas sedes, nuevos sistemas, nuevos productos.

Pero una cultura de innovación se alimenta de reconocer también los pasos pequeños:

  • una funcionalidad ajustada,
  • un proceso simplificado,
  • un colaborador que propuso algo útil,
  • un equipo que resolvió un bloqueo.

Celebrar estos avances crea un ambiente donde todos sienten que pueden aportar.

7. La tecnología llega después: primero llega la mentalidad

La innovación no empieza con software. Empieza con una pregunta: “¿Cómo podemos hacerlo mejor?”

Cuando esa mentalidad se vuelve parte del día a día, la tecnología se convierte en un acelerador natural, no en una imposición.

Por eso, antes de pensar en plataformas, módulos o integraciones, vale la pena asegurarse de que la organización ya tiene base cultural para adoptarlos.

Construir una cultura de innovación no requiere un laboratorio, ni un presupuesto gigante, ni un equipo de consultores.

Requiere algo más simple y más poderoso: la intención de mejorar continuamente y la disposición de escuchar lo que sucede dentro de la entidad.

Las cooperativas y entidades financieras que adoptan esta mentalidad no solo digitalizan… evolucionan.

Y eso es lo que marca la diferencia en un sector donde la confianza y la eficiencia lo son todo.

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